jueves, 8 de diciembre de 2011

Sobre la apatía social...

Más allá de todo lo establecido y de lo acordado entre el ser y la sociedad no creo distinguir un ápice de carisma a la gran parte de mis conciudadanos.
Supuran una subyugación necesaria para su propia y nula introspección e inundan sus existencias, reitero... ajenas a su interior, de repetidos clichés ahogados en una misma depresión que juzga solemnemente la espontaniedad de la mente.
El camino está cerrado. Y tampoco quisieran traspasarlo, conformados hacia un elemento social que rige sus mentes; arrinconados dentro de un mismo enigma que obviado parece resolverse. No anhelan su propio cultivo, están perdidos en un espacio físico y temporal del que son meros objetos intervinientes en su propia decadencia de la que a priori no creen ser conscientes pero cuya sombra les acompaña en cada momento. Dichosos los que la estupidez enternece sus sentidos y vislumbran la salvación de sus existencias en la venda de unos ojos que fueron arrancados para evitar inoportunos deseos, dichosos los que capturados por la maquiavélica astucia social arrojan su élite ante la intransigencia de los medios que manejan pero a los cuáles no optan como sumos controladores, dichosos los que inflaman la agresividad de nuestras cadenas con ésa sutil indiferencia que defienden a capa y espada y donde un filo escondido les desangra desde su minuciosa tolerancia. No acierto a corresponderme en una dicha de las anteriores, quizás me sumerja en todas ellas como vosotros, mis conciudadanos, me habéis aconsejado hoy o ayer, ya no lo recuerdo. No me preocupo por ello, mañana me lo recordaréis.

E.


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